May
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Asma infantil, ¿cómo mantenerlo bajo control durante la primavera?


Para la mayoría la primavera es la estación más bonita del año, pero para los niños con asma, la primavera puede convertirse en una época de fastidio, que les impide descansar bien y disfrutar de las actividades al aire libre que tanto apetecen durante estos días soleados.

Durante la primavera, las plantas, flores y árboles polinizan. El aire, impregnado de polen, entra por las vías nasales y también entra en contacto con los ojos. Entonces se desencadena la reacción alérgica, una inflamación iniciada por una sustancia producida por el organismo llamada histamina. Cuando esto sucede, los niños asmáticos predispuestos a una sensibilización al polen, agudizan sus síntomas respiratorios (tos persistente, dificultad para respirar y pitidos), muchas veces acompañados de rinitis, conjuntivitis y malestar general. Estos son síntomas que pueden persistir durante varias semanas y que empeoran su calidad de vida y también la de sus padres.

La recomendación es optar por prevenir, antes que curar.

Por desgracia, aún no existe una cura total para los brotes de asma estacional, pero sí métodos para controlarlos. Es importante evitar o disminuir la exposición al polen durante las horas y las semanas con mayores niveles de suspensión en el aire. Podemos averiguar este dato gracias a los organismos acreditados que ofrecen esta información a través de internet. Asimismo, debemos tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

Restringir las salidas los días soleados y con viento.

Las horas más críticas son las primeras de la mañana (hasta las 11.00) y las últimas de la tarde.

Durante estas horas es mejor no permanecer al aire libre, ni realizar ejercicio físico en zonas descubiertas.

Habilitar filtros antipolen en el coche y mantener las ventanillas cerradas durante los desplazamientos.

Retirar alfombras y limpiar tapicerías y cortinas.

Mantener las puertas y ventanas de casa cerradas.

Cuando la alergia es muy severa, es aconsejable llevar una mascarilla que cubra la nariz y la boca, y gafas que disminuyan el contacto del polen con los ojos.

Es útil que el niño lleve un brazalete de identificación médica, sobre todo cuando no vaya acompañado.

Tratamiento, en función de la gravedad

Tal y como hemos dicho, el mejor tratamiento para la crisis asmática es evitar que se produzca. Sin embargo, en muchos casos es necesario seguir el tratamiento médico de mantenimiento indicado por el pediatra. Una vez que aparezca la crisis, el tratamiento depende de la gravedad de la misma.

Los niños con asma episódica ocasional (menos de 4 o 5 crisis al año y sin síntomas entre crisis) no precisan ningún tratamiento de control. Pueden utilizar solo broncodilatadores inhalados cuando presenten síntomas.

Los niños con asma episódica frecuente (con 6 u 8 crisis al año y síntomas durante los esfuerzos intensos) deben utilizar un medicamento de control: glucocorticoides inhalados a dosis bajas o montelukast, según indique su médico.

Los niños con asma más grave requieren dosis más altas de medicación y control por parte de un especialista.

El objetivo principal del tratamiento del asma en un niño es lograr su control. Para ello, es fundamental que un especialista controle su evolución con frecuencia y reajuste el tratamiento siempre que sea necesario.

Y para finalizar, queremos recordarte que el primer martes 3 de mayo, es el Día mundial del asma. Este es un acontecimiento que organiza la GINA (o Iniciativa Mundial Contra el Asma), que lucha contra esta afectación respiratoria que afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo. En España, el 5 % de la población adulta y el 12 % de los niños son asmáticos. Además, el asma es la primera causa de absentismo escolar, por delante de otras enfermedades crónicas.

Fuentes y más información:

GEMA, Guía española para el manejo del asma


 

 

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