Abr
12
Dormir menos hace que comamos más


Cada vez dormimos menos y comemos más en comparación con nuestros antepasados.

Durante los últimos ciento cincuenta años hemos perdido alrededor de una hora y media de sueño por día. El cambio de hábitos que ha supuesto la irrupción de la tecnología en nuestra vidas (la luz eléctrica, pantallas, internet, etc.) ha contribuido en gran medida a aumentar los trastornos del sueño, que afectan a la capacidad para conciliar el sueño y para mantenerse dormido. 

Jamás debemos perder de vista que el descanso se encuentra en la base de la pirámide de nuestra salud, y que un buen reposo es tan importante como el resto de funciones de nuestro organismo.

A menos sueño, más ingesta

La relación entre sueño y apetito es de suma importancia en términos evolutivos. Un animal se ve obligado a comer para disponer de energía y estar despierto para huir cuando le acecha el peligro. Los humanos todavía tenemos un sistema de alerta similar (que nos resultaba de gran utilidad cuando vivíamos en las cavernas). Sin embargo, en la actualidad lo que nos mantiene despiertos no es el peligro, sino los estímulos externos que hay a nuestro alrededor. Tampoco salimos corriendo, al no existir amenazas reales, por lo que nuestro cuerpo no quema las calorías de más que ingerimos estando en periodo de vigilia.

Un estudio publicado en el Journal of Health Psychology demostró que dormir poco durante la noche provoca un aumento de la ingesta de comida, tanto en adultos como en niños. Los investigadores vieron, además, que habiendo dormido mal, la hormona que controla el apetito se ve afectada y provoca que al día siguiente aumenten las ganas de comer para compensar la falta de energía. Es decir, una mala noche hace que comamos más de la cuenta.

El metabolismo se altera cuando no dormimos lo suficiente.

La falta de sueño, así como los trastornos del sueño, pueden incrementar el riesgo de padecer una enfermedad metabólica según se afirma en otro estudio publicado en The Lancet. Este advierte que un sueño insuficiente, o poco reparador, no sólo influye en el apetito, sino que también afecta a los niveles de glucosa y de gasto energético. No es casualidad, pues, que la pérdida de sueño crezca paralelamente a los índices cada vez más altos de obesidad y de diabetes tipo 2.

Hay que mejorar la dieta, pero también el descanso.

Los resultados de dichos estudios son sumamente importantes, porque permiten a los expertos abordar el problema del sobrepeso y la obesidad de forma más global, más allá de centrarse solo en la dieta. El tener un buen descanso nocturno forma parte de los hábitos de vida saludable. Quienes sigan una dieta de adelgazamiento deberían ser conscientes de ello y cuidar la cantidad y calidad de alimentos que ingieren, especialmente cuando algo les quite el sueño.

Fuentes y más información:

The Lancet (Diabetes and Endocrinology)

Sleep and food intake: A multisystem review of mechanisms in children and adults (SAGE Journals)

Imagen: Pinterest

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