Nov
14
Los 5 hábitos de vida saludable que sustentan la pirámide de la alimentación


La célebre pirámide nutricional es ya un icono, una guía alimentaria que sirve de herramienta para mostrar cómo y cuánto hay que comer, de forma didáctica y visual.

Con el mismo, fin han ido surgiendo diferentes versiones gráficas: en forma de rueda, de plato, de escalera, de trébol e incluso de peonza, como es el caso de Japón. Pero más que la forma, lo que importa es su contenido que, con el tiempo, se ha ido modificando, para incluir información cada vez más completa.

Hoy nos fijamos en las últimas aportaciones de la SENC (o Sociedad Española de Nutrición Comunitaria). Los expertos de la comunidad médica y científica decidieron que, aparte de las recomendaciones nutricionales diarias, fue necesario ampliar la información de la pirámide con consejos relacionados con los estilos de vida saludable. El fin de estas incorporaciones no es otro que mantener la salud y la prevención de patologías crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la obesidad o la diabetes, que afectan a un importante segmento de la población en las economías más prósperas.

En la base de la pirámide encontramos los nuevos conceptos que nos ayudan a mantener un estilo de vida saludable: 

  1. Actividad física diaria durante 60 minutos o 10.000 pasos: El ejercicio diario ya era una recomendación de la anterior pirámide, pero ahora se concreta el dato de dedicarle una hora al día. Si disponemos de un podómetro (un dispositivo para medir los pasos) podemos trasladar estos 60 minutos a 10.000 pasos diarios.
  2. Equilibrio emocional: La estabilidad emocional también cuenta. Hay que evitar que los cambios de ánimo condicionen las necesidades alimentarias y un buen ejemplo es el comer compulsivamente, que se atribuye a la ansiedad o al estrés. Asimismo, la tristeza o la depresión pueden quitar el apetito. De ahí la importancia de alimentarse de forma consciente (mindfulness) y de escuchar al propio cuerpo para aprender a distinguir entre el hambre, el apetito y el capricho.
  3. Balance energético: Una alimentación saludable pasa por mantener el equilibrio entre la energía consumida y la energía gastada. El gasto energético se conforma del metabolismo basal, la termogénesis y la actividad física. Estos factores influyen en el tamaño de la ración, en la frecuencia de consumo e incluso en los ritmos biológicos de cada individuo, que nos indican cuál es momento idóneo para ingerir alimentos. Si quemamos calorías durante la mañana, habrá que desayunar bien.
  4. Técnicas culinarias saludables: La forma de cocinar repercute en nuestra salud. Las técnicas más recomendables son la cocción al vapor, la ebullición, la plancha, el horno y el wok, y las menos saludables son los fritos y los asados o guisos con muchas grasas, que debemos dejar para ocasiones especiales. Para evitar que los recipientes transfieran sustancias tóxicas a los alimentos, es recomendable conservarlos en recipientes de cristal o cerámica (que no son porosos) y manipularlos con útiles de cocina de silicona o madera, para no extraer el teflón de las cazuelas y sartenes.
  5. Beber agua: Finalmente, la pirámide también hace una recomendación sobre la ingesta de líquidos. Lo aconsejable según la SENC es beber una media de entre 4 y 6 vasos de agua al día, que pueden ser completados con otros líquidos, hasta alcanzar los 2 litros en mujeres y los 2,5 en hombres.

Fuentes y más información:

Avances en nutrición y salud pública; a propósito del equilibrio en el balance energético (SENC)

www.fao.org

www.efesalud.com

Imagen: Pinterest

 

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