Oct
11
¡Sí al postre!


El postre puede ser considerado como el colofón de una comida del que se podría prescindir, sin embargo también puede constituir un complemento importante al aporte de nutrientes de la alimentación diaria. Así que renunciar al postre, nutritivamente hablando, no es siempre lo más conveniente.

Visto el peligro que supone la amenaza de la obesidad en nuestra sociedad, es fácil ver el postre como un enemigo al que hay que evitar a toda costa. Pero los expertos en nutrición y salud nos dicen que los postres bajos en azúcares y grasas que contienen alimentos como la fruta, lácteos, frutos secos o huevos son altamente recomendables, sobre todo para niños, en edad de crecimiento, o deportistas. Para el resto de la población, el postre contribuye a complementar la dieta, además de endulzarnos la vida.

Cuatro beneficios de incorporar el postre a una dieta sana y equilibrada

  1. Tomar postre mejora el control de peso.

Un estudio reciente publicado en Steroids Research Journal, analizó a 195 adultos con obesidad que siguieron dos tipos de dietas bajas en calorías durante 16 semanas. Ambos planes para bajar de peso contenían la misma cantidad de calorías y alimentos saludables, con una sola diferencia: un grupo consumía postre todos los días y el otro no. Los comedores de postre perdieron un poco más de peso que los que no comían postre y tuvieron más éxito a la hora de mantener su peso una vez terminada la dieta.

  1. El postre reduce el impulso de comer alimentos poco saludables.

Es lógico pensar que si uno come lo que le gusta, aunque sea en pequeñas dosis, sus antojos disminuyen. En este sentido, tomar un postre dulce es especialmente beneficioso, puesto que evita los habituales sentimientos de privación al hacer dieta. El consumo diario de una porción de chocolate negro, por ejemplo, reduce el antojo de alimentos poco saludables. Se trata de cambiar el chip y ver el postre como una pequeña recompensa en lugar de algo malo.

  1. El postre complementa la ingesta.

Un postre adecuado ayuda a hacer una buena digestión y añade vitaminas, minerales y fibra a la dieta. En algunos casos, un postre nutritivo sirve de combustible para el cerebro, sobre todo si se han consumido pocos carbohidratos o no se han ingerido suficientes calorías, como sucede con las dietas muy restrictivas. Comer un yogur, por ejemplo, aporta calcio y vitamina B, que fortalecen el sistema inmunológico, así como probióticos, que protegen la microbiota intestinal. Incluir frutos secos como almendras o nueces aporta calcio, magnesio y ácidos grasos omega-3, vitaminas y fibra. Los postres elaborados a base de soja contienen flavonoides, que protegen los vasos sanguíneos y reducen la presión arterial.

  1. La fruta de postre es una gran opción.

Es importante aprovechar el postre para incluir en nuestra dieta frutas como la manzana, pera, papaya o bayas frescas, ya que contienen una gran cantidad de vitaminas y fibra. Otras como las fresas, melón o sandía, son recomendables por su bajo contenido en fructosa (el azúcar de la fruta). El kiwi favorece la digestión, gracias a una enzima llamada actinidina. Lo mismo ocurre con la bromelina de la piña o la ficina de los higos.

Lo más recomendable es siempre optar por postres ligeros, que no aporten demasiadas calorías. Cualquier ingrediente extra que acompañe al postre (vino, azúcar, zumo, almíbar, mermelada, etc.) suma calorías a la dieta. En el mercado existen gran variedad de postres especialmente diseñados para alimentar sin aportar calorías adicionales. Son productos que han logrado cambiar algunos ingredientes por otros menos perjudiciales para la salud y que reducen la cantidad de grasas y que están edulcorados sin azúcar ni fructosa. Se trata de evitar enfermedades como la diabetes mellitus o la obesidad.

Imagen: Photl

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