Oct
24
¿Tu hijo se levanta sin ganas de desayunar? Te explicamos qué puedes hacer.


Son las ocho en punto de la mañana de un día de escuela. Sonia ha despertado a su hijo Marcos con tiempo suficiente para que se vista, se asee y tenga tiempo de prepararse la mochila. A las ocho y media lo llama para que se siente a desayunar. Le ha preparado un zumo natural y un bol de cereales con leche, de los que más le gustan.

Marcos menea la cabeza apartando el bol:

‒ Mamá, no tengo hambre, no me obligues a comer, porfa.

Llevamos desde principios de curso con la misma historia y Sonia ya no sabe qué hacer. ¿Es mejor dejarlo? O, por el contrario, ¿habría que obligarle a desayunar?

Los expertos en nutrición nos recuerdan, con razón, que no debemos saltarnos el desayuno y que no es aconsejable ir al colegio sin haber comido nada porque provoca bajadas de azúcar, aparte de repercutir negativamente en el rendimiento escolar. Aunque de nada sirven estas advertencias si nuestro hijo se niega a tomar bocado alguno por la mañana. ¿Qué podemos hacer entonces?

De entrada, tengamos esto claro: Cuando nuestro hijo se levanta sin ganas de comer, no es recomendable forzarlo a que coma.

Si esto realmente supone un problema porque suele comer muy poco, es otra historia. En el libro Mi niño no me come (Guía para que tus hijos coman sin problemas) el autor, el Dr. Carlos González, propone lo siguiente:

“Si lo has probado todo y no hay nada que hacer prueba este método, no tienes nada que perder:

1) Pesa a tu hijo en la báscula.

2) No le obligues a comer.

3) Vuelve a pesarlo al cabo de un tiempo (una o dos semanas).

4) Si no ha perdido un kilo, sigue sin obligarlo a comer y vuelve al paso 2.

5) Si ha perdido un kilo, se acabó el experimento. Llévalo al médico.

Llegados a este punto y una vez descartados los problemas fisiológicos o psicológicos, será un buen momento para reflexionar sobre lo que se desayuna y cómo se desayuna en casa para adoptar nuevas estrategias. Así que vamos a desdramatizar el problema y ¡pasemos a la acción!

Aquí te proponemos 5 estrategias que pueden ayudar directa o indirectamente a que tu hijo desayune (aunque sea algo) y tú te quedes tranquilo. 

  1. Revisa los hábitos saludables: Hazte estas preguntas: ¿Estás seguro de que tu hijo ha descansado suficientemente (entre 8 y 10 horas)? Y, ¿ hace suficiente ejercicio como para que su cuerpo requiera comer las cantidades que se consideran normales para su edad? Puede que su metabolismo no le pida nada porque, simplemente, no ha practicado ejercicio. Otro hábito muy útil es planificar con antelación: Es preciso tener siempre lo necesario para el desayuno en la despensa. Preparar el desayuno la noche anterior resulta de ayuda para no ir con prisas la mañana siguiente. Sin prisas es más fácil desayunar.
  2. No te quedes con el desayuno estándar: ¿Qué hay para desayunar? ¿Sólo cereales de desayuno y galletas? ¿Y si no es lo que le pide el cuerpo? El desayuno, si es equilibrado, es como los boletos de lotería, tiene múltiples combinaciones: nos vale una tortilla, un bol de arroz con verduras, frutos secos, una sopa de avena y hasta fideos que sobraron de la cena. La combinación cereales+proteínas+fruta+lácteo+verdura da mucho juego. Eso sí, evita la bollería o las golosinas. No le haces ningún favor a tu hijo dándole azúcar, grasas trans o harinas refinadas que pueden contribuir a un futuro sobrepeso. ¡Y prueba con la fruta! Cuando no se tiene hambre la fruta fresca, de colores, cortada a trocitos, entra por los ojos. Si consigues que coma una o dos piezas de fruta (como naranja o plátano), como mínimo, tendrá energía para afrontar gran parte de la mañana.
  3. Desayunar en diferido: Muchos niños, en lugar de desayunar en casa a primera hora, lo hacen a media mañana, durante la hora del patio. Como no habrá hecho el primer desayuno, aprovecha para prepararle un buen bocadillo o un recipiente que contenga, por ejemplo, cereales, fruta, frutos secos y un batido de leche chocolateada o un zumo para llevar. Pero asegúrate de que se lo come. Las papeleras de los patios de los colegio están llenas de desayunos intactos.
  4. Acordar un minidesayuno: Esta es una estrategia más psicológica; se trata de hacer un trato con el niño. Pregúntale ¿cuántas cucharadas de cereales estarías dispuesto a comer: dos? Pues limítate a ponerle dos. Lo mismo con la leche, si dice que medio vaso, ponle lo acordado. Como reza el dicho: el comer y el rascar, todo es empezar. Si empieza a comer o a beber y le gusta, es más fácil que te pida más.
  5. Colaboración y buen ambiente en la mesa: Cuando sea el momento de poner la mesa y organizar el desayuno (ya sea la víspera o por la mañana) pídele que lo haga él mismo. Porque si se implica y decide cómo organizar la mesa y qué alimentos pondrá para comer es más probable que se anime a probarlos. Por otro lado, es importante que el momento del desayuno sea un rato distendido y agradable, a ser posible junto a los padres y los hermanos, en el que el niño se sienta cómodo y relajado. Recuerda que es en la mesa donde aprenden de los mayores. Y tú puedes ser su mejor ejemplo.

Imagen: Pinterest

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